
POR XISCO CRUZ
La exhuberancia física de Miami, la velocidad de Chicago y el vértigo de Oklahoma han convertido el “orgullo verde” de los Celtics en un pasaje más de la historia. En pleno proceso de descomposición después de lograr el anillo en 2008 y caer en la final de 2010, la franquicia de Boston ha perdido definitivamente la brújula. Los movimientos en los despachos de Danny Ainge han desactivado a un equipo que se ha quedado sin piernas, sin banquillo y al que no le alcanza con el talento de gran parte de su cinco inicial. ¿Y ahora qué?
El desastroso primer tramo de competición, trufado de lesiones, sanciones y derrotas al límite, ha obligado a la gerencia de los Celtics a poner en el mercado a todos sus cromos. Incluído el de Paul Pierce, el último icono del Garden. El problema ahora es acertar en la toma de decisiones. Boston debe pensar en el ejercicio 2012/13 y olvidarse de lo que queda de curso, porque sin Jeff Green, con un juego interior muy pobre y un evidente falta de recambio para Rajon Rondo, difícilmente el equipo de Doc Rivers logre sobrevivir a la primera ronda de play off.
Los Celtics necesitan algo más que un buen intercambio en el que aliviar su masa salarial y para eso deberán adoptar decisiones traumáticas. Es el fin de un ciclo.
El desastroso primer tramo de competición, trufado de lesiones, sanciones y derrotas al límite, ha obligado a la gerencia de los Celtics a poner en el mercado a todos sus cromos. Incluído el de Paul Pierce, el último icono del Garden. El problema ahora es acertar en la toma de decisiones. Boston debe pensar en el ejercicio 2012/13 y olvidarse de lo que queda de curso, porque sin Jeff Green, con un juego interior muy pobre y un evidente falta de recambio para Rajon Rondo, difícilmente el equipo de Doc Rivers logre sobrevivir a la primera ronda de play off.
Los Celtics necesitan algo más que un buen intercambio en el que aliviar su masa salarial y para eso deberán adoptar decisiones traumáticas. Es el fin de un ciclo.

